Debajo
de una gran luna de pan,
nos encontramos el Brujo y Yo,
como bandadas
de pirpintos y de docas.
Las chinitas y los changos del sol
alrededor
del brasero y la justicia.
Y con las manos tibias del encuentro,
el brujo
desvaino su violín ancestral,
un refusilo de alcohol brilló en su pecho.
El viaje había sido largo y sediento,
pero allí estábamos junto al hematoma
de su arco iris,
de fuegos y cosechas.
Sus hermanos como urdiendo la
trama de la verdad
y dejando así antarka al verdugo asesino.
Changos
y Chinitas de la tierra,
con sus caderas de chacareras,
comulgando mañanas
y primaveras,
golpearon fuerte los bombos.
Nos esperaban en la casa de
los Chufos,
como hermanos que somos,
porque ellos viajan en cada copla
nuestra.
Así llego la ceremonia fundamental
y el ritual pregonero de
justicia que inundo la plaza nuestra.
Las horas pasaron como urpilas,
de pronto nuestro pueblo, ardió en palmas,
las madres sembraron esperanzas,
y los niños cantaron alegrías,
por eso cada vez que volvemos
nos
moja la macha y la vidala,
porque ahí están los changos y chinitas,
derrumbando la mentira y el asesinato,
allí están los locos algarroberos
empuñando América Parda
en sus siestas sagradas,
con tal de golpearle
con un tetra break a la ausencia.
Con ellas fecunda la aloja nueva
para
endulzar gargantas heridas.
Por eso cuando pases por las calles de mi pueblo
no olvides de crucificarte una madrugada
esperando que te retumbe un
legüero.......
Yasí pasar la vida, y así golpearle al silencio.
¿Quien
dijo que nos fuimos?.
Ni el brujo ni el duende sachero
estamos en cada
cuneta que despierta un pueblo nuevo,
herido hasta la medula
pero con
el sol en el cuero
gritando nuevas mañanas,
en Tu Santiago del Estero...
sospecha de quien tienes al lado...
Duende Garnica