Y
vinieron de otros lares,
a meternos caño con la cruz pesada.
Pidiendo
sangre, sifilíticos de conquista,
hambrientos de ambición.
Perros de
la corona, soldados boy Scouts,
dealer de la biblia.
Venían podridos,
sedientos de sangre,
con las carabelas hediendo a muerte.
Traían la
fiebre que buscaba el oro,
y el maíz y la papa lloraron al cielo.
Bajaron
zarpados de pólvora y fierro.
Mi hermano emplumado temblaba curioso a lo
lejos.
Desde ese dia las playas se tiñeron de sangre y orina. MOCTEZUMA rendía
su cetro,
sus plantas sagradas,
y el continentes de rodillas entero.
En estas batallas lloraban los niños,
y las madres herían sin erke ni
caja la leche de los pechos.
En aquellos barcos bajaba la muerte,
la
conquista negra,
que por siglos mutilaría los sueños de todo un pueblo.
Con faca y cuchillo choriaban riquezas.
Las plumas, la plata, las esencias,
el cacau, el café.
Las niñas violadas y quemadas de baba y de sexo.
Patiaron la puerta,
colaron el rancho metralla y acero,
contra cerbatanos
y flecheros que como hijos del sol,
caían rendidos con las tripas al aires
de boca hacia al cielo. Pensando que eran dioses venidos de lejos.
Y mientras
la tierra gritaba y plañía por tanta barbarie
y tanto asesino venidos desde
lejos.
Hordas de bandidos, ladrones y curas
que en nombre de dios mataban
y saqueaban,
buscando la merca, las piedras, el bronce,
la ciudad del
dorado que nunca encontraron.
Y era indio por piedra y socavón por minero,
por madres, por bala de arcabuz camorrero.
Comandados por un par de
¡!!hijos de puta!!,
que solo trajeron espanto, miseria y silencio,
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siglos de muerte, de cepo de cadenas y hambruna.
¿Donde estaba dios
cuando vinieron estos?
Astillando el oro, robando la plata,
sembrando
la muerte sobre hermanos de cuero potositeño. Malinche vendía su ultimo orgasmo,
sabiendo que el blanco venia a encerrarnos,
a robar los pájaros, las
urnas del tiempo,
más todo el oro que se llevaron
no brilla como
el sol que alumbra en América,
la rebelión de los pueblos.
Y hoy vienen
de nuevo a tu barrio malevo,
disfrazau de celulares y de productos nuevos.
Del sur hasta el norte, de este a oeste.
Te engañan el alma y con una
tarjeta te plastifican los huesos. Son ellos los mismos PIZARROS Y CORTESES.
Con otro apellido, sin la carabela vieja y mugrienta,
pero con el mismo hambre
y el mismo fuego.
PETROLEO Y QUEBRACHO. MIEL. VINO. URANIO. SOJA. LECHE.
FASO. VINITO, TE LLEVAN CHUPI Y MORFI Y VOS TE QUEDAS AHÍ QUIETITO.
Te mandan
cantores que chamuyan otro idioma.
Te visten, te pintan como quieren ellos.
Te dejan en medio de la calle quemando gomas.
Las fabricas cerradas
y tu bronca en el pecho.
Camuflan sus nombres, se llevan las aves,
lagartijas,
iguanas, cabrito y conejo.
Te ponen un shopping en vez de una escuela.
Donde antes estaba el almacén de don Pedro,
que con la libreta te aguantaba
el fiado,
ahora anda que te fíe MONGO AURELIO.
Se llevan el gas, la
fruta, el esfuerzo,
yen el BAJO ALUMBRERA el oro que queda.
Festejan
aun a lo Pizarro con champagne,
como los BENNETON corriendo mapuches viejos.
DIOSITO si puedes darte una vuelta por el el norte,
por la patagonia,
por cuyo y por todos los esteros,
veras que ya no hay ONAS, PILAGAS, NI WICHIS,
HURPES DEL SOL, NI COYAS TEJIENDO,
solo hijos de los hijos de este continente.
Pensando en un CHIAPAS de fuego.
Solo destierro, lagrima y pobreza,
cuando un chabon gordo se baja de una avión,
y en una valija se lleva
todo el esfuerzo
de todo un pueblo mestizo y herido,
que mira hacia
el sol pensando el destierro de saber,
que ni la muerte nos mata,
ni
el fuego nos quema,
porque somos la vida...
la tierra misma que regresa...
Duende Garnica